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MUSEO DE LA MONEDA “ENTRE PESOS Y PASOS”
Valor para reflexionar: COMPROMISO

Las monedas como las piedras dicen que rodando se encuentran, yo creo que es verdad porque en la ciudad de Torreón se encontraron no unas cuantas, sino bastantes monedas por aquello de que en el Norte somos bastos para todo. Hay un hecho singular que data de la época de la Revolución en que Francisco Villa “El Centauro del Norte” y Emiliano Zapata “El Caudillo del Sur” durante la lucha de 1913-1914 para derrocar al Gral. Victoriano Huerta acuñaron una moneda muy peculiar, caso insólito en la numismática mundial, en la que además de mostrar el Escudo Nacional de la época tenía acuñado alrededor de dicho Escudo la leyenda EJÉRCITO CONSTITUCIONALISTA “MUERA HUERTA” misma que fue producida por encargo del General Villa en Cuencamé, Dgo. en 1914. Para esa época era del “demonio popular” que el Centauro del Norte odiaba al Gral. Victoriano Huerta por haber asesinado al Presidente Madero y por ponerle precio a su cabeza con el fin de llevarlo al paredón. Luego en 1915 se acuñaron las monedas de Zapata en denominaciones de uno y dos pesos en los Estados de Guerrero y Morelos en el Sur de México. Dichas monedas se acuñaron con muchas carencias entre las que figuraban la poca experiencia de los trabajadores y las pobres condiciones en que hicieron el trabajo. Otro caudillo revolucionario fue el General Carrasco quien en 1915 mandó producir 3000 monedas del peso del gorro de la Libertad, un símbolo que encierra en sí mismo un significado profundo ya que el gorro frigio adornado  por un conjunto de rayos y un resplandor, representan la nueva vida de México, un país Libre. Toda esta historia narrada y más, así como se las cuento, la encuentran muy bien guardada en el antiguo Banxico hoy Museo de la Moneda, un lugar muy céntrico en la ciudad de Torreón, en el que el mayor tesoro es la Cultura de esta región; rodando las piedras van y otra vez como estas los recuerdos se vuelven a juntar y nos llevan de la mano a otro hecho singular y es que se cuenta que en 1915 había un pagador americano en la mina Green de la Cananea Company llamado William Weeks quien acostumbraba extender una especie de cheque o vale a los mineros entre semana para resolver los gastos no previstos y poderlos mantener en el trabajo hasta el día de pago; se cuenta que estos cheques no pasaban por la caja pero si eran aceptados a cambio de mercancía por los comerciantes de la región. A los mexicanos se les hacía difícil pronunciar la letra “W” de William la cual pronunciaban como “B” y la letra “K” la pronunciaban como “Que” por eso la gente en lugar de llamar a los cheques William Weeks les decían “Bilimbiques”, desde entonces esta palabra se le aplicó a cualquier vale o promesa de pago así como a las nuevas emisiones de los billetes revolucionarios. De Pesos y  Pasos esta historia también cuenta como una anécdota de quienes antiguamente vigilaban el Banco y un velador de lo que era antes el Cine Nazas comentó que a un compañero que en el Banco era vigilante casi siempre hacía el rondín muy de prisa y sin voltear a lo que este compañero le gastaba una broma diciéndoles ¿es así que cuidas el dinero? Sin que el otro respondiera hasta que de tanto decir se atrevió a hablar y contó que cuando él llegó ahí a trabajar, una noche se dio cuenta que había otros vigilantes que avanzaban muy de prisa y casi siempre sin la cara dar y con ellos no podía ni tan siquiera palabra cruzar aunque llamaban su atención por la vestimenta, pues algunas veces hasta parecían catrines recién salidos de una fiesta; queriendo contactar a sus compañeros vigilantes una noche llevaba un café y unos sabrosos tamales y recorrió el área de su rondín y a voz de cuello gritaba ¡vamos, vengan al festín! que este día cumplo años y lo quiero festejar no importa que ustedes antes no me hayan querido hablar y ¡Oh, sorpresa! al buscar, se dió cuenta de que estaba solo en ese gran lugar y saliendo despavorido a su amigo el de enfrente este hecho vino a contar. Esta historia que les cuento o alguna otra muy similar la contaban los abuelos que se sentaban por las tardes en la Plaza de Armas a platicar.

Fuente Bibliográfica: Archivo Histórico Municipal de la ciudad de Torreón, Coahuila. Entrevista y Asesoría al Historiador Lic. Carlos Castañón Cuadros.
Compilación: Luz María Leyva Martínez.    Adaptación Literaria: María del Consuelo Ramírez García.
Del Programa “La Historia en dos zapatos” de la Sria. de Educación Pública del Edo. de Coahuila.